En memoria de Roque Dalton: traicionado y asesinado

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EN MEMORIA DE ROQUE DALTON

Hola a todos:

Hace 40 años, el 10 de mayo de 1975, el gran poeta y revolucionario salvadoreño Roque Dalton García fue asesinado por orden de Joaquín Villalobos y otros miembros de la dirección política del denominado Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una de las organizaciones que formaron el Frente de Liberación Nacional “Farabundo Martí” de El Salvador (FMLN).  Después de concluida la guerra interna, el otrora jefe guerrillero “ultraizquierdista” Joaquín Villalobos se reveló como lo que era: un agente de la CIA y el imperialismo.

Por otra parte, el 14 de mayo se conmemoran 80 años del natalicio del gran Roque Dalton.  En memoria de tan insigne figura, van a continuación algunos de los varios artículos que recopilé en varios años. Entérense también de la trayectoria del asesino y asesor de regímenes genocidas y de ultraderecha: Joaquín Villalobos.

Saludos:
Wilder Sánchez
wilderss@hotmail.com
13.5.2015

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¿Quién mató a Roque Dalton?
 
Hermann Bellinghausen
La Jornada

A 35 años de su asesinato, Roque Dalton (1935-1975) está más vivo de lo que jamás pensaron sus detractores literarios, y pervive también, intensamente, en términos políticos y de experiencia revolucionaria. Es uno de los muchos caídos en las esperanzadoras insurrecciones en los años 70 del siglo pasado que terminaron enlutando Centroamérica y el Cono Sur, y que, con excepción de Nicaragua, fueron derrotadas. Lo particularmente doloroso en el caso de Dalton es que fue asesinado por sus propios compañeros de lucha en El Salvador.

La noche del 10 de mayo de 1975, mientras dormía, recibió un tiro en la cabeza por decisión de tres de los cuatro miembros de la Comisión Militar del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP): Joaquín Villalobos, Alejandro Rivas Mira y Vladimir Rogel Umaña. Ellos mismos se encargaron de la ejecución.

Para entonces, Dalton llevaba un mes preso por los mandos del ERP, al cual pertenecía; lo acusaban de agente, primero de la CIA, y después castrista. El propio Fidel Castro reviró, y acusó de agentes de la CIA a Villalobos y a sus socios del tribunal guerrillero. Al parecer, el gran delito del poeta fue insistir en que antes de la insurrección era necesario crear un frente de masas, o sea, tener bases en la sociedad descontenta. Eso acabaron haciendo los guerrilleros que confluyeron en el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) después de la muerte de Dalton.

Joaquín Villalobos llegó a ser uno de los comandantes del FMLN, y tras los acuerdos de paz del Castillo de Chapultepec, que dieron fin a la guerra de El Salvador en 1992, regaló su arma al presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari; arma que a su vez había entregado a Villalobos el comandante Fidel Castro.

El gesto le ganó un boleto de primera clase a la Universidad de Oxford, donde sufrió una metamorfosis, como ha ironizado Roberto Bardini. Los estudios de posgrado hicieron de Villalobos especialista en problemas de seguridad y le permitieron asesorar al gobierno fascista de sus antiguos enemigos de ARENA, y más recientemente al presidente colombiano Álvaro Uribe.

Su deuda con Salinas era grande, y no dudó en trasladarse a México en enero de 1994 para sobrevolar la selva Lacandona junto con mandos del Ejército federal, para orientarlos en la ofensiva que preparaban contra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, a raíz del levantamiento indígena de Chiapas.

El asesino de Roque Dalton vuelve a México en 2010 para hablar en Los Pinos ante el cuerpo diplomático y el gabinete del presidente Felipe Calderón, evaluar positivamente su guerra contra el crimen organizado y delatar los mitos que la intentan desprestigiar (La Jornada, 9/01/10). Coincide la visita con la nueva publicación (¡en Australia!) del libro más emblemático y polémico de su víctima, Historias y poemas de una lucha de clases (editorial Oceansur, Melbourne, 2010), que Dalton escribió hacia 1975, póstumamente conocido como Poemas clandestinos (1981).

Una franja de sus ideas y convicciones hoy resultan obsoletas pero fueron comunes en la izquierda latinoamericana de los años 60 y 70 del siglo XX, como el sovietismo devoto o el rechazo intransigente a la homosexualidad (aunque debe reconocerse que ya había asumido la igualdad de las mujeres, pues aprendió las primeras lecciones del feminismo sesentero, lo que en esa tradición de izquierda tenía su mérito).

Toda generación de poetas es en parte obsoleta. Para ilustrarlo con el caso mexicano e independientemente de los logros artísticos, esto aplica a los modernistas porfirianos, los estridentistas, los Contemporáneos, las revistas Taller e Hijo pródigo o el valemadrismo infrarrealista. Pero lo que va quedando es la poesía, donde la hay. Y las verdades que la alimentaron.

Revolucionario de corazón, militante íntegro y comprometido hasta el final, en Historias y poemas, Roque Dalton se desdobla en cinco heterónimos, poetas de su invención: la joven activista Vilma Flores, el líder estudiantil Timoteo Lúe, el también narrador Juan Zapata, el ensayista literario Luis Luna y el de mayor edad, Jorge Cruz, asesor jurídico del movimiento obrero católico, especialista en Paulo Freire y presunto autor de una Oda solidaria a Camilo Torres; su alter ego Dalton transcribe la serie Poemas para salvar a Cristo, incluyendo el memorable Credo del Che.

Víctima de un error estalinista del hoy oxfordiano asesor bélico de gobiernos neoliberales y represivos, Dalton tiene asegurado su lugar como autor fundamental (y siempre incómodo) en las letras salvadoreñas y el conjunto de la literatura en lengua castellana. Tan sólo su libro más conocido, Las historias prohibidas de Pulgarcito (1974), en deuda con las misceláneas de Julio Cortázar, pertenece a la estirpe cuasi nerudiana de Guatemala: las líneas de su mano, de Luis Cardoza y Aragón, y Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano.

¿Quién dijo que la poesía no muerde?

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/01/18/index.php?section=opinion&article=a14a1cul

REBELION: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=105757

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12-05-2010
Roque Dalton

por Eduardo Galeano
La Jornada

Hace treinta y cinco años, Roque fue asesinado mientras dormía.
Yo soy uno de sus muchos dolientes.
Fui su amigo, y lo sigo siendo.
Su asesinato me dolió, y me sigue doliendo.
La impunidad me indignó, y me sigue indignando.
La impunidad estimula a los criminales, y los militantes que matan para castigar la discrepancia no son menos criminales que los militares que matan para perpetuar la injusticia.
Aquí va mi abrazo, de muchos brazos, a los familiares de Roque, a sus amigos, a sus compañeros, y a las muchas y muchos que no lo conocieron pero lo aman amando las palabras que nos dejó.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/05/11/index.php?section=opinion&article=017a1pol

Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=105751
 

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Piden justicia para el poeta Roque Dalton
por Eric Lemus
El Salvador

BBC: http://www.bbc.co.uk/mundo/cultura_sociedad/2010/05/100514_roque_dalton_poeta_salvador_justicia_lav.shtml

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A 38 años del asesinato de Roque Dalton Destacado
por Txanba Payés
10 de Mayo de 2013

A uno de ellos lo pasean por el mundo como ‘hombre de paz’ cual Vargas Llosa centroamericano lo pasean y él les presta un buen servicio. Se supone entonces que, ahora como ayer, sigue siendo su confidente.

Han pasado 38 años - y ya son muchos  - del asesinato de Roque Dalton. A estas alturas de la historia, la inmensa mayoría de salvadoreños sabemos quiénes fueron – y son - los responsables de la muerte del poeta. Además de los nombres, sabemos los apellidos, y a pesar de eso, seguimos sin entender las razones, que no las hubo, para el asesinato. Los responsables se decían revolucionarios, y no lo eran. Indilgaban el destino de miles de guerrilleros mientras ellos yacían bajo las faldas del imperio y quienes les seguían no atisbaron  su traición.

Hoy sabemos que, de los que participaron en el juicio y en el posterior crimen, son – y eran - confidentes del imperio. Sí. Del imperialismo gringo.  A uno de ellos lo pasean por el mundo como ‘hombre de paz’ cual  Vargas Llosa centroamericano lo pasean y él les presta un buen servicio. Se supone entonces que, ahora como ayer, sigue siendo su confidente. Joaquín Villalobos es uno de ellos y a estas alturas todos sabemos dónde está y a quienes defiende y atiende. A los gringos, a la oligarquía y a la burguesía salvadoreña, en ese orden.

Hay mucho que escribir sobre Roque. Y si, se ha escrito mucho sobre el Poeta salvadoreño, todos sabemos por lo que se ha escrito y por lo que él escribió, que supo combinar  lucha y poesía y eso lo supo hacer tanto en la teoría como en la praxis. Poesía y lucha se conjugaron para dejarnos el legado poético y literario que ya todos conocemos. Y sin quererlo, además de sus libros, nos mostró un camino a aquellos que nos imponíamos como meta el escribir y dejar negro sobre blanco ideas, poesía, artículos, etc.…, debíamos de seguir en teoría y praxis, lucha y poesía. La poesía salvadoreña le debe mucho a Roque y Roque le dio mucho a la poesía.

Y porque le debemos mucho…, nos asiste la responsabilidad - y la obligación -  de exigir que los responsables del asesinato, si la familia lo avala, sean llevados a la justicia. Pero no aquella justicia con la que se juzgó a Roque, no. Una justicia en toda regla. Debemos, sin embargo, exigir primero, que entreguen los restos del poeta a sus familiares ya que llevan años reclamándolo. Y segundo, justicia. Y se castigue a los culpables. Mientras  no se cumplan las dos, las heridas seguirán abiertas esperando a que la justicia la cierre por completo.

Post data.

Empecemos señalando a uno de ellos, Joaquín Villalobos, debe de decir donde están sus restos. El sabe donde están y el porqué de su desaparición física. La boñiga también puede ser una pátina intelectual o al menos se cubre de un lívido conocimiento y presentarse al mundo como un intelectual “ex guerrillero”. Obtuso Villalobos, lábil que creyó en su momento que con la desaparición física del poeta iban a reconocerle su “valía”, craso error, con el asesinato de Roque, empezó su declive moral, ético y sobre todo, humano, porque como tal sólo le quedan restos, como la suciedad, se resbala por cloacas como el imperio allí donde va. El sus compinches no son más que escoria al servicio del imperio. Eso es lo que demostró Joaquín Villalobos y sus compinches hace 38 años.

KAOSENLARED: http://www.kaosenlared.net/america-latina/item/56478-a-38-años-del-asesinato-de-roque-dalton.html

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El asesinato de Roque Dalton

por Marco Antonio Campos
Sin Permiso
02-12-2013

En la editorial Aura, en San Salvador, acaba de editarse el libro El asesinato de Roque Dalton, mapa de un largo silencio, de Lauri García Dueñas y Javier Espinoza, quizá la más detallada y esclarecedora investigación (hasta donde es posible) sobre el crimen del poeta mayor salvadoreño. Por un lado está el reportaje, y por el otro, una serie de entrevistas con protagonistas del hecho o de estudiosos y enterados del tema. En el libro se muestra quiénes cometieron el crimen, y se barajan las presuntas causas del porqué del hecho y los probables sitios donde se arrojaron o enterraron los restos.

El asesinato de Dalton por sus propios correligionarios del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), el sábado 10 de mayo de 1975, fue uno de los hechos políticos más estúpidamente atroces cometido por una guerrilla de izquierda que recuerdo de mi juventud. Junto con él mataron a un compañero de armas, Armando Arteaga, Pancho, líder obrero. Sin embargo más atroz es sin duda que pasados treinta y ocho años todo mundo en su país sepa quiénes cometieron el crimen y asombrosamente no se haya castigado a ninguno, y para colmo, se ignora, o más bien, no han querido decirlo los perpetradores, dónde enterraron o arrojaron los restos de ambos. Los asesinos de Dalton tienen rostro y nombre y eran quienes conformaban el comité directivo del ERP, y varios de los entonces “jóvenes asesinos” (como los llama el poeta salvadoreño Miguel Huezo Mixco) venían de colegios privados, formados en la democracia cristiana y pertenecían a la clase media acomodada. El Comité lo encabezaban Alejandro Rivas Mira, el máximo dirigente, quien huyó de El Salvador dos años después del asesinato de Dalton, probablemente a México, y nunca más se supo de él; Joaquín Villalobos, que se convirtió, con habilidad camaleónica, después de los Acuerdos de Paz de Chapultepec entre el gobierno y las guerrillas salvadoreñas en 1992, en asesor de seguridad de gobiernos de derecha impresentables como el del colombiano Álvaro Uribe y el del mexicano de Felipe Calderón; Vladimir Rogel Vaquerito, ultimado después asimismo por sus correligionarios del ERP, quien era, paradójicamente, considerado el más radical del grupo; y Jorge Meléndez, personaje sórdido, ahora ministro para Asuntos de Vulnerabilidad con el actual presidente Mauricio Funes. Joaquín Villalobos mencionó en una entrevista de 1993 que el tribunal lo conformaban siete; ignoro cuáles sean los otros tres. Respecto al asesino material es uno o más de ellos, por más invenciones y rectificaciones, justificaciones y tergiversaciones que han dado o quieran dar. ¡Cuál será el tamaño de la culpa para que ninguno haya querido detallar cómo fue la ejecución y en qué lugar dejaron los cuerpos! En nombre del contexto político, es decir, de la firma de los Acuerdos de Paz, el cual fue en esto una suerte de copia del Pacto de la Moncloa, los gobiernos sucesivos desde 1992 no han querido enjuiciar a nadie porque eso significaría, a su parecer, destapar una caja de Pandora de la cual muy pocos escaparían de tener las manos manchadas de sangre.

¿Cuáles fueron las justificaciones de la cúpula del ERP para la ejecución de Dalton? Al principio, se le acusó de agente cubano; luego, de agente de la CIA; como ninguna prosperó por disparatadas, se le acusó de tomar una actitud de rebeldía e intentar dividir al ERP al obstinarse en proponer una estrategia distinta, en este caso, la de la guerra prolongada contra la dictadura en lugar de la vía armada inmediata. No faltan tampoco las imputaciones personales: indisciplinado, mujeriego, borracho, “bohemio pequeño burgués”, en suma, en sus palabras, “el hechor y víctima de su propia muerte”. Aun entre esto se habla de un pique entre Rivas Mira y Dalton por una poeta y guerrillera, Lil Milagro, que en ese momento era amante del poeta. Una cosa es clara: si capturaron a Roque Dalton y a Armando Arteaga el 13 de abril y los ultimaron el 10 de mayo, los miembros de la dirección del ERP tuvieron tiempo de sobra para saber que cometían no sólo un ”grave error” sino una monstruosidad injustificable.

Pero ¿cómo ajusticiaron a Dalton? Tres son las principales versiones: una, a tiros por la espalda; la segunda, de un balazo en la nuca; la tercera, fusilado.

Para mí la más creíble de las versiones de la muerte la dio Joaquín Villalobos, en un arranque de sinceridad, en mayo de 1993, en una entrevista al hijo de Dalton, Juan José, publicada en el diario mexicano Excélsior, un año después de los Acuerdos de Paz de Chapultepec, donde Roque Dalton ya no es víctima de sí mismo sino de la dirección ampliada del ERP: “Yo fui uno de los siete miembros del tribunal que ordenó la ejecución. Fue una acción de inmadurez personal, pasional y radicalización ideológica. Dalton fue víctima de la ignorancia, la intriga y el dogmatismo. Fue un grave error.” Villalobos se autodelataba y exponía a seis autores intelectuales más. El propio Villalobos repitió ese mismo año lo de “grave error” a El Diario de Hoy salvadoreño, y no hizo entonces en ese 1993 ninguna aclaración o rectificación de sus declaraciones. Sin embargo, seis largos años más tarde, empezó a perder la memoria y la siguió perdiendo hasta 2012. Se volvió menos un analista político que un caso clínico. En su modificación de recuerdos, escribió en 1999 al diario español El País, que él no era responsable intelectual ni material porque no era jefe militar ni político del ERP; en 2004 volvió a sorprender a todos y declaró que todo estaba dicho, y no era la ejecución de Dalton un macrotema, pero volvió a delatarse al decir: “Pero si en ese entonces yo tomo una decisión distinta, no estuviera platicando aquí con ustedes.” Y en 2012, al ser entrevistado por García Dueñas y Espinoza negó de nuevo toda responsabilidad. Por desgracia nadie en El Salvador, en todos estos años, ha tenido la delicadeza de llevarlo, no a la cárcel, sino a un hospital siquiátrico.

En diversas guerrillas de los años sesenta y setenta latinoamericanas fueron muertos poetas en la verde edad y otros relativamente jóvenes, como el peruano Javier Heraud, veintiuno, el nicaragüense Leonel Rugama, veintiuno, y el argentino Francisco Urondo, cuarenta y seis; el único ultimado por sus propios correligionarios fue Roque Dalton, quien murió cuatro días antes de cumplir 40 años.

Escribe el editor del libro Carlos Clará en el último párrafo del prólogo a propósito de la investigación que hay en El asesinato de Roque Dalton: “El silencio es uno de los personajes claves en este crimen. Ha sido más fuerte que las mentiras y tan grande como la impunidad, pero deja rastros, y este es el mapa, la cartografía inicial para encontrar el largo camino de la historia”.

Marco Antonio Campos es un reconocido poeta mexicano, Premio Casa de América (2005) y Premio Nacional de Literatura de México (2013).

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=6459

REBELION: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=177610

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El curriculum de un asesino

Por Guillermo Rodríguez Rivera
9/03/2014

La revolución salvadoreña, la del pulgarcito centroamericano, experimentó toda clase de conflictos que hicieron que fuera extremadamente difícil que ese proceso consiguiera el éxito que inmediatamente antes había conseguido la revolución sandinista de Nicaragua. El imperialismo aprendió la lección, e iba a hacer todo lo posible para que no emergiera otra revolución en Centroamérica.

Mientras los sandinistas tuvieron la suerte de encontrar al demócrata y humanista James Carter en la presidencia norteamericana, a los salvadoreños les correspondió la desventura de topar con uno de los pilares de la reacción contemporánea, el inefable actor hollywoodense que fue Ronald Reagan.


Reagan fue, en pareja con la Iron Lady, Margaret Thatcher, un patrocinador del neoliberalismo que, en los tiempos que corren, no solo reduce al hambre a los países más pobres, sino que está quebrando los fundamentos mismos del estado de bienestar del que tanto presumía Europa Occidental.
Se recuerda el brutal asesinato de la comandante Ana María, y el posterior suicidio de Marcial, directamente implicado en el crimen.


La causa del pueblo salvadoreño había arraigado con tal fuerza desde los tiempos de Farabundo Martí, que sobrevivió a estos bárbaros desmanes capaces de sacar de quicio cualquier proceso histórico.


En 1975 conocimos, consternados, la inesperada, absurda noticia de la muerte del amigo, poeta y revolucionario salvadoreño Roque Dalton, “ejecutado” –decían– por la jefatura del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) al que pertenecía, nada menos que por traidor y agente de la CIA.
Pese a que el convulso panorama político de aquel país hacía posible esa explicación, quienes conocimos de cerca a Roque no podíamos aceptarla. No podíamos creer que el autor de Taberna y otros lugares, del impresionante testimonio biográfico sobre Miguel Mármol, el poeta varias veces encarcelado, el amigo de Cuba, fuera un traidor a todo lo que vivió y escribió.
El tiempo fue despejando las incógnitas: se conocieron las discrepancias ideológicas y políticas de Roque con la cúpula que regenteaba el ERP. Los propios “ejecutores” de Roque hablaban de haber cometido un error, porque no querían hacerse moralmente responsables de la muerte de Roque. No revelaban donde quedaron los restos del poeta –el mejor que haya tenido El Salvador–, a quien su país y su familia querían rendirle el homenaje que merecía. La supuesta “ejecución” iba revelándose, cada vez más, como un imperdonable asesinato.

Joaquín Villalobos, el traidor


Empezó a saberse que eran varios los ejecutores materiales del crimen que había tenido, además como autor intelectual, al mismo jefe del ERP, el llamado comandante Joaquín Villalobos.
Cuando llega el proceso de pacificación a El Salvador, y se desmontan las guerrillas izquierdistas, varios de sus jefes pasan a la lucha política pacífica, integrando el Frente Farabundo Martí que entonces participaría en las contiendas electorales, desde posiciones revolucionarias.
El caso de Villalobos era diferente, muy diferente. Desmontó el Ejército Revolucionario del Pueblo y pasó a una misteriosa vida apolítica. Tuvo la oportunidad de ocupar una cátedra en la prestigiosa universidad inglesa de Oxford, ignoro a partir de cuáles méritos académicos. Pero a poco volvía a América Latina, escribía para el diario español El País y se convertía en asesor político de ¡¡Álvaro Uribe!!.

Como última noticia –para redondear el currículum del asesino en jefe–, ha escrito hace muy poco un artículo que titula, pragmáticamente, ¿Cómo enfrentarse al chavismo? (*)


Lo que allí dice es lo de menos, pero el propósito del libelo responde una pregunta –no la muy compleja de cómo derrotar al pueblo venezolano– sino otra que nos hemos hecho muchos amigos de Roque Dalton: ¿cuál fue la verdadera causa de su asesinato?

Creo que está muy claro que Villalobos, el guerrillero jefe del ERP, el asesino de Roque, ha sido desde el primer momento un agente de la CIA, un ejecutor de claros y ambiciosos proyectos del imperialismo.


Este supuesto “hombre de izquierda”, tan de izquierda como para considerar traidor a Roque Dalton porque “llevaba una vida bohemia, escribía poesía y amaba la Revolución Cubana”, fue asesor de Álvaro Uribe, el más fiel servidor que, en los últimos tiempos, han tenido los Estados Unidos en América Latina; colabora en un diario que ha girado enteramente a la derecha, pero el asesinato de Roque Dalton fue su máxima colaboración con la CIA.


Como el cubano-americano Félix Rodríguez llevó a Bolivia la orden enviada por la Agencia de asesinar a Ernesto Che Guevara, Villalobos cumplió la tarea de asesinar al poeta, al brillante intelectual, al revolucionario que podía ser decisivo en la toma del poder en El Salvador.

Villalobos ha ido, poco a poco, develando su infamia.

Ahora sabemos sin lugar a duda, dónde estaba la traición. Quién, con el asesinato del poeta, estaba sirviendo a la pura contrarrevolución en América Latina.
De ese estercolero, surge incólume la figura del poeta revolucionario. Un añadido más para la gloria de Roque Dalton.

(*) http://elpais.com/elpais/2014/03/02/opinion/1393795243_401646.html

APORREA: http://www.aporrea.org/ddhh/a183868.html


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A 40 años del asesinato de Roque Dalton
Érase un hombre a su pluma y fusil atado

por Pablo A. Jofre Leal
Rebelión
13-05-2015

El día 14 de mayo de 1935, nace en San Salvador, capital de la República de El Salvador, uno de los más brillantes poetas y ensayistas latinoamericanos : Roque Dalton García. Comprometido con la lucha de su pueblo, vivió las penurias, alegrías y las contradicciones de una época que marcó igualmente su muerte, a manos de sus propios compañeros en la guerrilla, el día 10 de mayo de 1975.

Hace un tiempo, mi hijo mayor, demandó explicaciones respecto a su nombre. El por qué de llamarse Roque, de donde provenía tal manera de llamar a alguien. Por qué se llamaba Roque y no Juan por ejemplo. No tuve que hacer mucha memoria para recordar a un poeta y su vida, que llenaron mis horas por largas jornadas y que influenció esta elección a la hora de dar un nombre significativo a este hijo que hoy interrogaba por su patronímico. Roque Dalton García es el nombre del ejemplo. Un hombre al cual podemos perfectamente, asimilar la paráfrasis de su propio homenaje a la muerte del Che. Roque Dalton es: “la encarnación de los más puro y lo más hermoso que existe en el seno de esa actividad grandiosa que nos impone nuestra época: la lucha por la liberación de la humanidad; la profunda lección moral y política de su vida y de su muerte forma parte inapreciable del patrimonio revolucionario de todos lo pueblos del mundo, y cuya desaparición física es un hecho irreparable para el cual no debemos escatimar lágrimas de revolucionarios; la actitud fundamental a que nos obliga su actual inmortalidad histórica es hacernos verdaderamente dignos de su ejemplar sacrificio”

Un Hombre como Nosotros

“La poesía no se escribe con ideas, sino con palabras” declaraba, a fines del siglo XIX, el poeta francés Guillaume Mallarmé. Esta sentencia, errada en Latinoamérica, y supongo que en el resto del planeta, sobre para todo aquel que tenga como arma de combate la escritura contra las injusticias que se cometen, cae estrepitosamente ante la obra vital y literaria de poetas, narradores y todos aquellos hombres y mujeres que han hecho de la literatura el modo de expresar verdades, sentimientos, deseos, anhelos e igualmente fracasos. Uno de esos hombres: vital, vigoroso y tenaz fue Roque Dalton García, una de las figuras cimeras de la poesía Latinoamericana del siglo XX. Tan genial como desconocido, tan brillante como comprometido con las causas de justicia y libertad de su pueblo: El Salvador, país en el que nació el 14 de mayo de 1935.

Hijo de un estadounidense afincado en esas tierras centroamericanas y una enfermera salvadoreña, estudió en un Colegio de jesuitas, que le entregó las armas de la disciplina y la constancia. A pesar de esa formación religiosa supo empaparse de la realidad trágica de su pueblo y abrevar su espíritu inquieto con letras de Neruda, Vallejos y los representantes de la escuela Surrealista. Los poetas franceses como Billón, Saint John Perse, Kafka, Salarrué y hasta Henry Miller allegaron agua a ese molino creativo, inquieto, pleno de un humor desbordante y de extremo rigor intelectual, como solía caracterizarlo el fallecido escritor argentino Julio Cortázar.

Roque Dalton se definía como uno de nosotros, sin más ni menos: “Yo como tú amo el amor, la vida, el dulce encanto de las cosas, el paisaje celeste de los días de enero. También mi sangre bulle y río por los ojos que han conocido el brote de las lágrimas. Creo que el mundo es bello, que la poesía es como el pan, de todos. Y que mis venas no terminan en mí, sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el pan, la poseía de todos”. Poeta y revolucionario son dos conceptos que en Roque Dalton se conjugaron con perfecta armonía. Demostró, mediante su temática como escritor y en la vida práctica como intelectual comprometido con las causas justas de su pueblo y de Latinoamérica, que la verdad sí podía ser encerrada en palabras. Mediante la poseía, sostenía Dalton, era posible decirlo todo

“… Poesía, perdóname por haberte ayudado a comprender que no estás hecha sólo de palabras…”. “…agradecido te saludo poesía porque hoy al encontrarte (en la vida y en los libros) ya no eres sólo para el deslumbramiento, gran aderezo de la melancolía. Hoy también puedes mejorarme, ayudarme a servir, en esta larga y dura lucha del pueblo…” Para Roque Dalton el trabajo poético le permitía expresar su propia vida, de la que era testigo y coautor, su tiempo, los hombres, el medio que compartían con todas su interdependencias: “Camino para tal intento, desde el hecho, aparentemente simple de ser salvadoreño, o sea, parte de un pueblo latinoamericano que busca su felicidad luchando contra el imperialismo y la oligarquía criolla y que, por razones históricas bien concretas tiene una tradición cultural sumamente pobre. Tan pobre, que solamente en una debilísima medida la ha podido incorporar a esa lucha que reclama todas las armas”.

Un Poeta Revolucionario

Todo tipo de temas ocupó su mente. Sus letras, opiniones y acciones son expresión de diversidad basada en la riqueza en el uso del lenguaje, y el compromiso político que lo embargaba. Su riqueza oral y escrita se demostraba verbo a verbo, en una poesía de rompimiento con los moldes y usanzas de la época. Sus poemas son verdaderos edificios elaborados con insólitas relaciones, entre elementos disímiles en una lucha dialéctica de unión y lucha de contrarios.

Viajó, al igual que su referente político y modelo de hombre: El Che, por gran parte de Latinoamérica. Vivió en Santiago de Chile, donde estudió la carrera de leyes y en México, donde se empapó de periodismo y tertulias literarias. A pesar de militancias, luchas, y avatares políticos su visión de la poesía era firme: “El poeta debe ser, fundamentalmente fiel con la poesía, con la belleza. Dentro del caudal de lo bello debe sumergir el contenido que su actitud ante la vida y los hombres le imponga como gran responsabilidad de convivencia, Y aquí no caben los subterfugios ni la inversión de los términos. El poeta es tal porque hace poesía, es decir, porque crea una obra bella. Mientras haga otra cosa será todo lo que quiera menos un poeta. Lo cual, por supuesto, no implica con respecto al poeta una privilegiada situación entre los hombres, sino tan sólo una exacta ubicación entre los mismos y una rigurosa limitación de sus actividades, que también sería eficaz en el caso de particularizar la calidad de los médicos, los carpinteros, los soldados o los criminales”.

“La ventana en el rostro” escrita en el año 1961 fue su primer libro, y en él están contenidos las características de lo que sería todo su trabajo futuro: Un lenguaje fulgurante y de ruptura, la voluntad conceptual y una estructura innovadora que empieza a abrirle paso en la gran camada de poetas, cuentistas, ensayista y novelistas que ha dado Latinoamérica en el siglo XX. Le siguió “El Turno del Ofendido”, donde comienza a perfilarse con mayor nitidez su poesía plena de ironía y crítica no sólo frente a otros poetas, sobre todo los adoradores del soneto, que para Dalton significaba, en ese momento “una poesía conservadora, anacrónica y no sólo por el formalismo esencial que el sonetismo conlleva, sino porque los problemas de la vida actual no caben en vasos tan puros y estrechos” (Carta de Roque Dalton a los autores de la Revista “De aquí en adelante”.

En el Poema “Canto a Nuestra Posición” dedicado a su amigo y compañero Otto René Castillo, expresa su crítica afilada a esos llamados de hacer florecer todo en el poema ya que el hombre parecía ser un pequeño dios: “…¿Cómo pudisteis cantar infamemente a las abstractas rosas y a la luna bruñida, cuando se caminaba paralelamente al litoral del hambre y se sentía el alma sepultada bajo un volcán de látigos y cárceles, de patrones borrachos y gangrenas y obscuros desperdicios de vida sin estrellas?…Ay poetas que os olvidasteis del hombre, que os olvidasteis de lo que duelen los calcetines rotos, que os olvidasteis del final de los meses de los inquilinos, que os olvidasteis del proletario que se quedó en una esquina con un bostezo eterno inacabado, lleno de balas y sin sangre, lleno de hormigas y definitivamente sin pan… ay poetas ¡como duelen vuestras estaturas inútiles!.”

Estudió e investigó con rigurosidad y con originalidad la historia de El Salvador a través de la publicación de un libro de testimonio fundamental, para el estudio de los acontecimientos relacionados con las luchas obreras y campesinas en El Salvador: “Miguel Mármol: la insurrección en El Salvador: año 1932”” donde a través de la historia de este personaje real se da cuenta de la represión al levantamiento campesino y que ocasionó 20.000 muertos en apenas tres meses. Su quehacer literario lo colocó al servicio de su pueblo y cuando este reclamó su presencia en esa Inmensa estepa verde que son las montañas de Morazán, y ellas se convirtieron en su hogar no dudo un minuto en convertirlas en una nueva trinchera de palabras y balas.

Morazán se convirtió en el último centro de su creación, no sólo de dardopalabras maravillosas lanzadas al centro de la injusticia, golpes de ideas, de agudezas sustantivas, verbales y adjetivas, bofetadas de realidad, sino también de plasmación de ese hombre nuevo, que años atrás, en montañas de la sierra boliviana se empezó a visualizar en forma de pájaro de fuego llamado Ernesto. Morazán sería su escalón más alto en la vida de un revolucionario, su vida plena pero también su muerte, tan brutal como absurda a manos de una fracción de la organización guerrillera en la cual militaba, en el trágico 14 de mayo del año 1975.

Este hombre, bajo en estatura pero gigante como poeta y rebelde en una conjugación práctica y , estaba convencido que una de las vías fundamentales, posibles de transformar al intelectual en intelectual revolucionario era la acción social. Una práctica que le daba temor, tan presente junto al miedo y la pérdida de la inocencia en cada uno de sus poemas: “27 años: Es una cosa seria tener veintisiete años, en realidad es una de las cosas más serias. En derredor se mueren los amigos de la infancia ahogada y empieza a dudar uno de su inmortalidad”. Esa praxis social debía hacerse en el seno de la lucha de los pueblos que llevan a cabo su combate por dejar sólo de sobrevivir y llegar a conocer lo que es vivir como un verdadero ser humano. Su paso por Cuba, donde dejó a sus dos hijos, para dedicarse a la lucha guerrillera le dio la formación necesaria, no sólo desde el punto de vista político sino que literario y de reconocimiento expresado en su Premio Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 1969, por su poemario “Taberna y Otros Lugares”.

Este libro de poemas es la expresión de lo que fue Roque Dalton, un insurrecto permanente, un visionario, un hombre dotado de gran sutileza. En plena efervencia pre- Primavera de Praga en el año 1968, Roque Dalton solía visitar las viejas tabernas del centro de la capital de la ex Checoslovaquia, después de su trabajo en la Revista Internacional, que reunía la crema y nata de los ideólogos comunistas de ese entonces. En esas visitas llenas de espumosos brebajes, Roque, armado de una vieja máquina grabadora se deleitaba escuchando las conversaciones de estudiantes, obreros y soldados.

De ese trabajo salió Taberna y Otros Lugares, pero también el convencimiento que el socialismo, en aquellos grises países de Europa del Este no eran el modelo natural de esa visión de mundo, que tarde o temprano reventaría por sus propias contradicciones, y que Latinoamérica no debía trasladar mecánicamente las experiencias políticas allende el Atlántico.

El Gran Habitante del Pequeño Pulgarcito

Uno de sus hijos, Juan José Dalton lo describe como un tipo genial, poseedor de sentido del humor inigualable, un hombre que sabía esconder las tristezas bajo una permanente sonrisa y con una decisión inquebrantable. Así, cuenta Juan José: “En la Habana teníamos un vecino que se llamaba Fernando Martínez, era un experto en marxismo-leninismo. Como en su casa se había roto el refrigerador, mi papá le guardaba la carne y le pollo a cambio de clases de materialismo. Cuenta Fernando que en una de esas calurosas tardes de 1972, había salido a la verja de su casa. Bajando por la calle J, del Vedado (donde aún está nuestra casa en La Habana), venía rodando mi padre. El poste de la esquina lo detuvo. Fernando se le acercó. “¿Roque, que te pasa chico? Mira como vienes…” “No voy a seguir bebiendo Fernando, porque si no, no voy a poder ser guerrillero”, le contestó a modo de autocrítica. “Efectivamente, nunca más lo volví a ver tomado… Fue la última vez. Nunca creí que esa la despedida”, me contó aquel cubano”. Era la última vez pues su próximo paso era integrarse a las fuerzas guerrilleras que actuaban en El Salvador.

Roque era también un escritor del más íntimo lirismo, capaz de expresar los dolores que llegaban del testimonio práctico de las heridas de su pequeño pulgarcito, como una vez definió la poetisa chilena Gabriela Mistral a El Salvador. Sus letras venían del pueblo, de la herida vallejiana que carcomía la vida de ese Salvador suplicante de ser salvado. Nos legó la policromía de su estilo, la riqueza y vivacidad de su prosa refulgente y dinámica, la belleza de sus ideas y lenguaje. Nos dejó un arma defensiva a la cual recurrir, cuando los significados y significantes nos amenazan con evadir sus responsabilidades. Sus escritos no marcharon nunca al margen de la hoy tan vilipendiada lucha de clases pero, esa contradicción vital era transmitida en forma tan sugerente y pedagógica, tan finamente irónica y genial, que podía enseñar más con el corazón que con manuales, con su experiencia más que con citas de sesudos personajes. Roque, a su manera, mostró el escalón más alto del ser humano, para llegar a tener los derechos nunca alcanzados de su pueblo:

El escritor y el artista latinoamericano promedio, lucha en distintos niveles contra el régimen que lo discrimina, lo humilla y lo persigue; y más, que el poeta y el escritor, es el subversivo, el perseguido, el preso, el torturado. Y comienza a ser el asesinado junto a miles de su pueblo, y el que combate con las armas en la mano, en consecuencia los nombres de Javier Heraud, Edgardo Tello, Otto René Castillo encabezan la lista.

”Su pequeña amada patria” era un tema constante en sus letras. Mezclaba en ello la rabia y la ternura, el amor y el odio más profundo. Mientras su madurez biológica avanzaba inexorable, su florecimiento intelectual, nutrido en tierras latinoamericanas y europeas, desbordaba los cauces poéticos conocidos hasta la época. Su amor por ese pedazo de tierra de 20.000 kilómetros cuadrados, no tenía los límites señalados en mapas y acuerdos políticos, pero se había transformado, con el paso de los años y el exilio, en un dolor que laceraba todo su ser, y lo convencía que la redención de su Salvador, pasaba por liberarlo de todo aquello que roía su existencia.

Roque estaba convencido, que la libertad de su diminuta tierra era parte de la construcción de múltiples patrias dispersas por la mestiza Latinoamérica. La edificación de un verdadero Nuevo Mundo, con hombres nuevos era considerada por Roque Dalton como un camino plagado de dificultades, una senda difícil, dura y terrible, que ne cesitaba de inéditos y más penetrantes dolores para lograr erradicar su enajenación: “Necesitas bofetones, electro-Shocks, Psicoanálisis, para que despertés a tu verdadera personalidad… habrá que meterte a la cama, a pan de dinamita y agua, lavativas de cóctel molotov cada quince minutos, y luego nos iremos a la guerra de verdad, todos juntos, novia encarnizada, mamá que parás el pelo”

Ser Fuerte sin perder la Ternura

Roque fue también periodista, de aquel que desolla, que enseña y no hace de la lisonja el pan de cada día. Se alejó y burló del dogmatismo obnubilante, verdadero opio del deseo y práctica de cambios. Los esquemas incuestionables, hayan sido políticos o literarios no eran su alimento. No existía disyuntiva entre su creación artística y su actividad política, entre versos y reforma agraria, entre ensayos literarios y prácticas guerreras ¿Su máxima? La duda, siempre la duda en lugar del dogma que adormece. La crítica que construye en lugar del acatamiento incondicional.

El aprendizaje de esto fue un proceso doloroso: “Mi actitud ante el contenido ideológico y la trascendencia social de la obra poética está determinada fundamentalmente por dos hechos extremos: el de mi larga y profunda formación burguesa y el de la militancia revolucionaria que mantengo desde algunos años. La práctica en las filas del partido ha organizado mi preocupación e siempre por los problemas de la gente que me rodea, del pueblo, en último grado y ha ubicado con exactitud ante mi atención, las responsabilidades fundamentales a las cuales deberse, así como a la forma concreta de realizar esos deberes a lo largo de la vida.

Pero los largos años en el Colegio Jesuita, el desarrollo de mi primera juventud en el seno de la chata burguesía salvadoreña, el apegamiento a formas de vida irresponsables, alejadas con santo horror del sacrificio o de los problemas esenciales de la época, han dejado en mí sus marcas, las cicatrices que aún ahora duelen”.

Estas palabras escritas en su Ensayo “Poesía y Militancia en América Latina” son ese ejemplo de autocrítica que animaba a Roque Dalton y que resumen esa vida plagada de contradicciones pero siempre honesta. El destino con la revolución marcó su existencia, era un indiscutible compromiso de pareja. En un mundo como el que se nos presenta en este nuevo milenio requiere de nuevos honores, de nuevas formas de enfocar los cambios necesarios para los pueblos subdesarrollados, pero igualmente se necesita de un conciencia de revolucionarios, de poetas como Roque que si la muerte no lo tuviese en su seno, seguiría convocando a esta generación de móviles y globalización en la necesidad de ser revolucionarios hoy, en la época dura, la única que da posibilidades de ser sujeto de epopeyas: “Ser revolucionario cuando la revolución ha eliminado a sus enemigos y se ha consolidado en todos los sentidos puede ser, sin lugar a dudas, más o menos glorioso y heroico. Pero serlo, cuando la calidad de revolucionario se suele premiar con la muerte es lo verdaderamente digno de la poesía. El poeta entonces la poesía de su generación y la entrega a la historia”.

Roque Dalton García entregó su poesía a toda una generación de latinoamericanos que a 40 años de su asesinato, tan brutal como absurda a manos de un grupo de dogmáticos que jamás conocieron al verdadero Roque, camuflado bajo el nombre de Julio Delfus Marín en las montañas de Morazán. Quienes lo asesinaron jamás le perdonaron su humor, su desparpajo ante las más insólitas situaciones, su imaginación llena de optimismo por el mejoramiento humano.

El poeta Nicaragüense Julio Valle al saber sobre la muerte de su amigo dijo a su hijo Juan José “Mirá hermano, quienes mataron a Roque no tenían humor” una ingeniosidad tan permanente y vital que hizo exclamar a Eduardo Galeano que Roque era capaz de hacer reír hasta las piedras. Capaz de sacar sonrisas, pero recordarnos sobre el sufrimiento de sus hermanos en el Poema de Amor: “Los que ampliaron el Canal de Panamá (y fueron clasificados como “silver roll” y no como “gold roll”) los que repararon la flota del pacífico en las bases de California, los que se pudrieron en las cárceles de Guatemala, México, Honduras, Nicaragua, por ladrones, contrabandistas, por estafadores, por hambrientos… los sembradores de maíz en plena selva extranjera, los reyes de las páginas rojas, los que nunca sabe nadie de dónde son, los mejores artesanos del mundo, los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera, los que murieron de paludismo o de las picadas del escorpión o de la barba amar illa en el infierno de la bananeras, los que lloraron borrachos por el himno nacional, los arrimados, los mendigos, los marihuaneros, los guanacos hijos de la gran puta… los eternos indocumentados, los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo, los primeros en sacar el cuchillo, los tristes más tristes del mundo, mis compatriotas, mis hermanos”

Roque Dalton murió, y ahora que El Salvador luego de muchos años de guerra civil empezó una nueva y enigmática caminata por inéditos derroteros, es imperativo recordar a aquellos, que regaron con su fresquísima sangre el camino que hoy transitan otros nuevos hombres. Él murió, pero está encarnado en muchas vidas, que encuentran en su ejemplo, la luz que guía y alecciona. Ha resucitado en este nuevo El Salvador, tal vez un poco mejor que aquel sangrante país que conoció sus pasos terrenos. Roque Dalton, hombre pequeñito de estatura pero gigante y feroz con la pluma y el fusil está riendo, y lo hace henchido de placer a pesar de las masacres y las lágrimas jamás recuperadas.

Roque es el recuerdo de la sangre joven prodigada por salvadoreños e internacionalistas que lucharon por un Salvador más justo, que entregaron sus vidas por una causa que no importaba tener como norte la muerte si de verdad se moría entre pájaros y árboles, como decía el poeta Javier Heraud. Roque ha triunfado y pronto será: Parques infantiles, escuelas, hospitales, será nuevos poemas por venir, un continente reidor y feliz por tener en su vientre a millones de nuevos Roques por nacer.


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